Unos cuantos años atrás conocí a una chica por internet, como siempre pasan con esos "encuentros", no nos conocimos para ser amigos, si no que nos conocimos en una clara intención de levante, ella estaba sola y yo también.
Después de unos días de chats interesantes y algunas mentiras propias del "ritual de apareamiento cibernetico", del estilo: "me encanta como pensas", "iba a escribir lo mismo", "tu sensibilidad es poco común", "nunca me habia pasado", "esto es fuerte no?", etc, decidimos intercambiar teléfonos para seguir con el juego y empezar a concretar el encuentro.
Ella era de Montevideo pero tenían pensado venir un finde con sus amigas a la casa de una de ellas, era el momento ideal para conocernos y la manera menos "violenta" también, ella estaría con 2 amigas, yo llevaría 2 amigos y sería un encuentro multitudinario, todo pintaba bien.
Llegó el día esperado y la "salida" se convirtió en algo un poco más interesante, habían llegado cansadas y en lugar de ir por ahi a tomar algo su propuesta fue: "Rafa, vengan a cenar a casa".
Compramos el vino y nos embarcamos en la divertida idea de una cita a ciegas triple, aunque en realidad no era tal cosa, porque mis amigos iban más para hacerme una gamba que en actitud levantistica.
Cuando conocí a esta contadora montevideana (antes que te agarren las paranoias: no sos vos) me di cuenta que las "ganas" de estar con ella quedaron en el universo virtual, no puedieron pasar el firewall llamado "vida real". El problema surgió cuando me presentó a una de sus amigas, morocha, flaquita, con ojos llenos de alegría y sonrisa encantadora, fue un flash increíble.
A medida que fue transcurriendo la noche me di cuenta que ella no dejaba de mirarme, que se reia de mis tonterias, se interesaba por mis opiniones, nos estabamos acercando, en un momento quedamos ella y yo, solos, los demas no existían, fue algo tan mágico, que si lo hubiera visto en una pelicula seguramente hubiera pensado que esas cosas no existen.
Eran las 3 de la mañana cuando quisieron terminar la noche, ella dijo: yo no tengo sueño. El vino se había terminado, por lo que le pedi que me acompañara a comprar más: "yo también voy" dijo el inoportuno de turno y se coló en el asiento de atrás.
Cuando volvimos las chicas se habían acostado y mis amigos entendieron la señal, se subieron a sus autos y me dejaron enamorado de una chica que apenas conocía.
Nos quedamos solos y ella fue la que habló primero: "vas a pensar que estoy loca, pero me encanta estar contigo", lo que siguió después fueron los mejores besos que recibí en mi vida, besos enamorados, besos tan dulces como su mirada, tan alegres como su sonrisa.
Esa noche nos amamos, como si nos conocieramos de toda una vida, como si nos hubiesemos estado esperando, hicimos planes, compartimos sueños, construimos puentes, inventamos excusas para volver a vernos.
Como diría el Indio, "una noche de cristal que se hace añicos...", la verdadera cara y la confesión de culpa: "tengo novio, nunca antes me había pasado algo asi, me quedaría contigo toda la vida pero no puedo hacerle esto".
Me vestí en silencio y me fui, no sin antes perderme por última vez en sus labios. Nunca más volvi a saber de ella, hasta ayer.